La masacre de Gdeim Izik representa mi visión del desalojo violento del campamento de Gdeim Izik.
El campamento de Gdeim Izik fue la manifestación pacífica
más importante en la historia del Sahara Occidental.
En Octubre de 2010 cuarenta familias instalaron sus jaimas
en medio del desierto, a 15 kilómetros de la ciudad ocupada de El Aaiún. A los
pocos días, eran ya 20.000 los saharauis que habían abandonado sus hogares y se
concentraban en el campamento de Gdeim Izik, el campamento de la Dignidad.
Enviaron un mensaje al mundo de que ya no soportaban vivir más tiempo bajo la
ocupación marroquí en sus propias tierras del Sahara Occidental; lograron
mostrar al mundo que están unidos, que son una misma voz, que están dispuestos
a seguir luchando para conseguir su objetivo de libertad total. Era la primera
vez que estaban reunidos tantos saharauis en ese territorio (el suyo), se
respiraba libertad, se respiraba que realmente su situación podía cambiar para
siempre.
Gdeim Izik significa un antes y un después en el conflicto
del Sáhara Occidental; marcó profundamente un anhelo en común, dio una
enseñanza a las nuevas generaciones y fue un respiro de la cotidiana represión
por parte del régimen marroquí.
Durante casi un mes la esperanza acarició los más bellos
sueños de un pueblo que desde hace 38 años grita al mundo por su libertad; un
pueblo que continúa a la espera y que pronto verá crecer la semilla de la
independencia. Una semilla regada y cuidada con acciones pacíficas para
reivindicar el simple derecho de existir como saharaui.


Un total de 2,400 personas fueron detenidas. Más de un
centenar de presos políticos, tanto hombres como mujeres, fueron torturados y
violados en las cárceles marroquíes. A día de hoy, 22 activistas defensores de
derechos humanos siguen encarcelados en la prisión marroquí de Salé 2 por haber
participado en Gdeim Izik, por defender de forma pacífica la dignidad y la
libertad de un pueblo. A día de hoy no han sido juzgados.
COMO ESCRIBIÓ EL POETA SAHARAUI BAHIA MAHMUD AWAH...
(...) Entendí entonces
que el fin de la oscuridad se acerca,
porque la resistencia es la única arma
frente a las hélices de sus helicópteros,
irrumpiendo viles en el inmenso cielo
que acaricia el cogollo de las jaimas.
Al amanecer penetraron
los verdugos violando
la Libertad cuando me disponía al primer rezo,
quebrantaron mi silencio
y la paz que aún busco.
Ellos tienen amigos
que les cubren las anchas espaldas,
bañadas de nuestra sangre,
de la multitud
que gritamos: “Toda la patria o el martirio”.
Bahia Mahmud Awah (La primavera saharaui)